Martes 19 de Febrero de 2008


En medio de una vorágine electoral que se acelera por momentos, el candidato del PP a la presidencia del gobierno se ha dejado caer con una serie de propuestas para abordar la inmigración que son eso, un abordaje a los derechos de los inmigrantes y al buen sentido de la ciudadanía. Por si alguien, arrebatado por los cantos de sirena del fin de las ideologías o atrapado por el más burdo prejuicio de que todos los políticos son iguales, tenía dudas acerca de las diferencias entre izquierda y derecha, ahí tiene material más que de sobra para disiparlas. Desde la izquierda, reconociendo que queda mucho por hacer ante situaciones complejas como las que plantea la inmigración, queremos hablar de integración social e inclusión democrática de los inmigrantes, contemplando la primera mediante políticas de empleo, educativas, culturales, de salud y de vivienda, y promoviendo para la segunda el reconocimiento de derechos que nuestras leyes han de amparar. En cambio, la derecha, enrocándose sobre sí misma, ha venido a parar a un discurso xenófobo que no puede disimular tras cierto maquillaje un cierto tufo racista. Es lo que encontramos en el “contrato” como medida con la que el PP, en un ejercicio de copiado mal escrito respecto al presidente francés Sarkozy, quiere recibir a toda persona que llegue a nuestro país como inmigrante.


Llamar contrato a ese cúmulo de exigencias con las que el PP pretende filtrar selectivamente a los inmigrantes –de eso se trata- es emplear un eufemismo hiriente, en primer lugar por la asimetría terrible en que se sitúa a las partes supuestamente contratantes, y en segundo lugar por las prácticas discriminatorias y excluyentes que ya van diseñadas en su seno. Por si los motivos no estaban claros, Arias Cañete, como vocero de Rajoy, se ha encargado de sacarlos a la luz sin empacho alguno, con un repertorio de lo más grueso que ha llevado a José Luis Rodríguez Zapatero, como presidente del gobierno y de nuevo candidato a la presidencia, a pedir disculpas a los colectivos de inmigrantes por esas palabras ajenas que, por su carácter ofensivo, tanto han indignado a la mayoría. Tratar a los inmigrantes de aprovechados que parasitan la seguridad social y saturan las urgencias hospitalarias, de potenciales delincuentes –por lo menos- puesto que se presume su reluctancia a cumplir la ley, de sectarios que en cualquier caso se van a aferrar a costumbres no sólo suyas, sino antiespañolas (eso es más castizo que lo de antioccidentales) y cosas por el estilo, es de una clamorosa injusticia. No se corresponde con los hechos y constituye una difamación que no hace más que alimentar los peores prejuicios que hacia la inmigración pueden hallarse enquistados en determinados registros de nuestra sociedad. Eso aparte de la hipocresía que supone considerar así a quienes se está llamando para que cuiden de nuestros niños y ancianos, o para que trabajen en nuestros campos o en las obras y servicios de nuestras ciudades. Todo parece indicar que estamos ante la propagación de un nuevo espécimen de “prejuicio preventivo” como si hubiera que acometer alguna clase de guerra contra la inmigración llamada ilegal. Tal cosa se sitúa en las antípodas de las políticas que de verdad necesitamos para encauzar responsablemente los flujos migratorios, con total respeto a los derechos humanos en la aplicación de nuestras leyes, las cuales, por lo demás, desde la Constitución misma incluyen tal exigencia de respeto.


Meter la cuchara de la repesca de votos en esa sopa cuya sustancia viene dada por prejuicios respecto al diferente, rechazo al otro, desconfianza respecto al extraño y desprecio al pobre es dar un salto cualitativo en dirección contraria a la convivencia democrática que hemos de construir entre todos. El respaldo que con ello se da a actitudes excluyentes, que en buena medida dan lugar al incumplimiento de aquello que se dice que se va a pedir a los inmigrantes, puede generar la sensación de que se legitiman comportamientos de nuevas formas de racismo que, de extenderse, serán un desastre para nuestra sociedad. Es difícil eliminar prejuicios, pero es muy fácil reforzarlos, como lo es desmontar con declaraciones desafortunadas lo que trabajosamente se va construyendo en la dirección de una sociedad bien ordenada donde encontremos nuestro sitio todos los que ya estamos. De ahí que, ante las últimas propuestas en cuanto a inmigración de los líderes del PP –de las cuales algunos de sus militantes se han desmarcado-, se pueda hablar de irresponsabilidad, pues se infiere de ellas que no se hacen cargo de la gravedad de las consecuencias, no sólo de unas medidas que por su parte son de difícil, si no imposible, puesta en vigor, sino incluso de las consecuencias de la misma formulación que se ha hecho de ellas en clave electoralista. Debe tenerse presente que no hay cosa peor que acrecentar el resentimiento, el que a veces incuban los que están aquí “de toda la vida” y aquél que puede nacer en los que llegan por el rechazo que experimenten. Del resentimiento nada bueno puede salir y menos en política.

José Antonio Pérez Tapias

El PSOE-A está convencido de que la vivienda, es un servicio público, un derecho, no una mercancía como el Partido Popular; en ese sentido desde su acción de Gobierno, está tomando medidas, para hacer posible el acceso a una vivienda digna a un precio asequible a la ciudadanía, en función de su nivel de renta.

En ese contexto, el Gobierno Andaluz, ha suscrito un PACTO POR LA VIVIENDA, con la Confederación de Empresarios de Andalucía (CEA), los sindicatos UGT y CCOO, la Federación Andaluza de Municipios y Provincias (FAMP), y los representantes de entidades financieras que operan en Andalucía, para construir 300.000, viviendas, una medida que incide de manera directa en el bienestar de miles de andaluces y andaluzas. Igualmente, con la misma finalidad, el Consejo de Gobierno de Andalucía, ha aprobado un Decreto, para agilizar la revisión de los Planeamientos urbanísticos de los municipios, para obtener suelo para viviendas protegidas de forma urgente; asimismo contempla la flexibilización del Plan de Ordenación de Andalucía (POTA), para permitir la construcción de viviendas, y por tanto el crecimiento de municipios de menos de 10.0000, habitantes, en relación con su población, potenciando igualmente el desarrollo económico de los mismos y todo ello, acorde con la normativa urbanística, y desde el control para evitar la especulación de las viviendas protegidas.

En la misma línea, el Gobierno Andaluz, esta trabajando en la tramitación de una Ley del Derecho a la Vivienda, de nuevo Andalucía se adelanta, con una medida vanguardista, pionera y ampliamente demandada por la ciudadanía, se convertirá en una herramienta necesaria para dar una respuesta legislativa, para garantizar por ley que el esfuerzo para comprar una vivienda no supere un tercio de los ingresos familiares, ni una cuarta parte en caso de alquiler.

Es obvio que el Gobierno Andaluz de Manuel Chaves ha convertido las políticas sociales, en el eje de su acción política. Con la futura ley, se regulará el derecho que asiste a todos los andaluces a una vivienda de calidad y adecuada a su situación familiar.

El Partido Popular, con el Gobierno de Aznar aplicando su política de liberalización de suelo, convirtió la vivienda en un negocio, en una mercancía; propició la subida del precio del suelo y la vivienda (112%), a unos niveles, que excluyo a un porcentaje amplio de ciudadanos de la posibilidad de acceder a ese Derecho, que contempla la Constitución Española y el Estatuto Andaluz.

En conclusión, con las medidas que los socialistas están adoptando, incluido el impulso al alquiler para los jóvenes de manera que se facilite su emancipación, que hemos referido, estamos convencidos de que la vivienda es un DERECHO que hay que proteger por ley para hacerlo efectivo, facilitando el acceso de los que menos renta tienen a una vivienda digna y asequible a sus necesidades e ingresos, ese es nuestro compromiso.

José García Giralte

Candidato al Parlamento de Andalucía