Lun, 11 Febrero 2008
Cuando visitó Andalucía el ex Vicepresidente de los Estados Unidos Al Gore, tras recibir el Premio Nóbel y el Príncipe de Asturias, ocurrió una anécdota protagonizada por Mariano Rajoy que resume bien la posición de la derecha de nuestro país, en este caso protagonizada por el máximo representante del Partido Popular y candidato a la Presidencia del Gobierno.
Preguntado por el cambio climático y la exposición de Al Gore, con la desenvoltura que lo caracteriza, declaró que ese fin de semana había estado con un primo suyo, catedrático en la Universidad de Sevilla y un grupo de profesores y que no supieron ponerse de acuerdo en el tiempo que iba a hacer los próximos días y él deducía que si no sabían lo que iba a pasar inmediatamente, era de risa pensar que se pudiera saber lo que iba a ocurrir en la tierra los próximo 20, 30 o 100 años. Mezclaba conceptos elementales como el del tiempo y el clima, se mofaba de los miles de científicos que llevan estudiando el calentamiento global decenas de años y ponía en cuestión una estrategia mundial de supervivencia de nuestro planeta. Rajoy nos dio prueba de su inconsistencia personal y política, su incapacidad para escuchar y saber tomar decisiones. No me extraña que lo metieran en la guerra de Irak y que todavía sean los únicos en el mundo que están buscando las armas de destrucción masiva. ¡Que paisanaje!
Incluyo en este comentario una diapositiva de nuestro mundo, con la diferencia abismal que supone la iluminación de millones de bombillas en las ciudades del hemisferio norte más rico y la obscena oscuridad del resto del planeta. ¿Quién contamina? ¿Quién emite los gases efecto invernadero? ¿Quién tiene que buscar prioritariamente la solución al problema? La respuesta no puede ser otra que los que hemos dilapidado nuestra única tierra, nuestro hogar, tenemos que ser los que demos la pauta reduciendo drásticamente nuestras emisiones. Ese es el reto.
Las estrategias de cambio climático de España y de Andalucía marcan una tendencia alentadora. Sigamos ese camino. Más energía alternativa, más transporte público, menos materias primas minerales, menos dilapidar nuestro futuro.