Hace unos meses visitaba a un familiar que había tenido una niña en uno de nuestros hospitales comarcales. En la cama de al lado había una mujer ecuatoriana que también había tenido un hijo, grande y hermoso como ella decía. Las dos tuvieron las mismas atenciones, esa es la suerte de tener una sanidad pública como la andaluza. Hoy la he recordado cuando he escuchado la propuesta de Rajoy sobre los inmigrantes.

Rajoy acostumbra a sorprendernos y a enrojecernos. Anteayer con la cita de autoridad de su “primo” sobre la no existencia del cambio climático. Para arreglar tan desdichada y criticada posición dice ahora que va a plantar millones de árboles, copiando y multiplicando por x la propuesta que desde el PSOE hacíamos en el mes de diciembre. Rectifica a medias, sin reconocerlo. No está entre sus costumbres la de tener humildad. Ahora hace una propuesta sobre la población inmigrante que vuelve a enrojecernos. Me gustaría que en esta ocasión rectificara de veras. Para que la DIGNIDAD de las mujeres y hombres que conviven con nosotros y que han nacido en otras tierras, que trabajan en el campo, en los servicios, en la construcción o en el servicio doméstico se viera reconocida. Pero creo que no está entre sus costumbres relacionarse con los que él considera diferentes, y menos pensar en su dignidad.

La propuesta y comentarios de Rajoy sobre los inmigrantes está orientada a alimentar los sentimientos de xenofobia, y atenta contra la dignidad de miles de personas. Primero porque respetar las leyes o pagar impuestos es una obviedad ya que todos los que aquí vivimos, hayamos nacido en España o en Japón, estamos sometidos a ellas. A todas las leyes, incluidas las de la igualdad entre mujeres y hombres. Segundo porque no hay normas jurídicas que fijen las costumbres de los españoles y españolas. Por suerte. Eso sucedía en los tiempos en los que no había libertades, en esos “tiempos revueltos” de las series televisivas llenos de miedo y de silencio, en los tiempos en que para tener una beca se requería el certificado de “buena conducta”.

Durante los años en los que he sido Consejera de Educación he tratado de promover una educación intercultural en nuestra escuela basada en el respeto a todas las personas, promoviendo la igualdad, la incorporación de los padres y madres de estos niños, facilitando el conocimiento de nuestra lengua y nuestras normas. La experiencia ha sido riquísima. Me gustaría que Rajoy y otros dirigentes del PP conociesen el interés de esos niños y niñas por estudiar para tener un hueco en esta sociedad; cómo nuestras clases para personas adultas se llenan de inmigrantes para aprender nuestra lengua, nuestra historia, nuestra cultura porque saben que ello les abre puertas para incorporarse activamente a la sociedad.

Frente a las políticas del miedo, de la sospecha, del desprecio, frente a las ideas rancias, discriminatorias e incompatibles con nuestra Constitución, reconozcamos la dignidad de las personas, avancemos en derechos y deberes en igualdad para todos, procuremos la incorporación activa y respetuosa de quienes con nosotros conviven y trabajan. Este país, nuestra España, se merece otras costumbres políticas.

Cándida Martínez López